Llegamos a tu casa. Nos besamos. Me acaricias bajo la ropa y eso me calienta todavía más. Mis pezones están durísimos, mi sexo está tan húmedo… Entonces comienzas a quitarme la ropa. La blusa, la falda, las bragas, el sujetador… Decides dejar las medias y las botas, y entonces me das la vuelta, y me diriges hacia el sofá. Lo haces delicadamente pero es imposible negarse. Me haces apoyar las rodillas y suavemente presionas mi espalda hasta que coloco las manos sobre el sofá. Entonces te acercas por detrás a mi oído y susurras “No te muevas, quédate así”.






